Gracias. Sí, esta es la primera y la última palabra que utilizaría para describir este increíble tiempo a tu lado. Siempre me has dado esa confianza que he necesitado, siempre me has ayudado cuando lo he necesitado, siempre has querido ser la primera de todos en saber que me pasa, siempre has sido tú.
Ella, una persona muy especial para mí, una persona que me ha ayudado en todo momento, una persona con la que llevo caminando mucho tiempo pero no el suficiente, que juntas hemos mirado hacia la derecha pero también hacia la izquierda... Ella, mi compañera de risas, lloros, bajones, paranoias... La que sabe que me va a tener a su lado siempre que me necesite como yo se que la voy a tener a ella
Ella llegó de repente y no me avisó del cariño que la iba a acabar cogiendo, ni me avisó de lo feliz que iba a hacerme, de las risas que iba ha hacer para hacerme feliz, ni de todos los pensamientos que me saca una sonrisa cuando leo “prefe”. Y la agradezco, día a día, con palabras bonitas, besos y abrazos lo muchísimo que la puedo llegar a querer, que no voy a mentir; que a veces discutimos, contestamos mal a quien no tenemos porque hacerlo, pero lo mejor de esas discusiones, son las reconciliaciones.
Estamos locas, nos comportamos como crías, gritamos, jugamos, nos miran, se ríen, nos critican, ¿y qué? Somos felices que es lo que importa. Estamos juntas que es lo que vale. Nos queremos que es lo que cuenta. Disfrutamos que es lo que necesitamos. Nos apoyamos que es lo que nos hace fuertes.

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